El 28 de junio de 1976, seis alpinistas emprendieron el ascenso al Gran Vignemale, en el Pirineo francés. Durante la travesía, tres de ellos perdieron la vida tras una caída. Entre ellos se encontraba Sebastián, familiar del autor. Este acontecimiento constituye el punto de partida de un proyecto que se desarrolla en el Goierri, territorio de origen de los alpinistas, y que aborda la relación entre experiencia personal, archivo y territorio. La propuesta parte de la reactivación de un archivo fotográfico familiar, y se extiende mediante nuevas producciones visuales realizadas en el territorio. El encuentro entre estas fotografías del pasado y las imágenes del presente establece un diálogo temporal que permite abordar la fotografía no solo como herramienta de documentación de un territorio físico, sino también como espacio desde el que hacer visibles las huellas y las discontinuidades que atraviesan la memoria. A partir de este archivo, el proyecto desplaza la mirada desde el acontecimiento concreto hacia el territorio que lo precede. El paisaje del Goierri se convierte así en un espacio de memoria, pero también en un lugar de transformación y de construcción de identidad. Las imágenes no buscan reconstruir únicamente aquello que ocurrió, sino aproximarse a aquello que permanece.